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Narda Lepes habla sobre la alimentación del niño

En Ñam Ñam, manual para alimentar a un pequeño omnívoro, de Editorial Planeta, Narda hace hincapié en una alimentación variada y nutritiva durante la infancia. “Ya habrá tiempo para que elija cuando sea grande si quiere ser vegetariano, vegano o lo que sea. Por ahora, en mi caso particular, pretendo que mi hija sea omnívora, o sea que coma de todo, pero elija bien”.

Veganos, vegetarianos y más
La autora consultó a profesionales de distintas escuelas para la elaboración de la publicación. “Antes de sentarme a escribir investigué un montón y llegué a la conclusión de que un niño puede ser vegetariano, pero nunca vegano”. Médicos pediatras de diversas orientaciones coincidieron en que la dieta vegana no es buena para una persona en desarrollo. La dieta vegana es la que rechaza todo alimento de origen animal. Desde la carne, hasta la leche y los huevos. No es lo mismo en el caso de los vegetarianos que no comen carne, pero sí leche, queso y yogurt. “Criar a un hijo vegetariano requiere de más esfuerzo y dedicación, pero se puede. Vegano, no”.

¿Cómo educar el paladar del niño?
El niño tiene un paladar virgen. Salvo la inclinación natural hacia lo dulce, el resto de los sabores son adquisiciones posteriores. Es por eso que si los padres le ofrecen alimentos con exceso de grasa, sal y azúcar, obviamente malos para su salud, están condicionando su paladar a ese limitado abanico de sabores. Si suben el umbral de la sal en la infancia de sus hijos, les va a costar mucho prescindir de ese ingrediente en la adultez. Es por eso importante no salar de más las preparaciones. “No agreguemos mucho queso rallado a las recetas. Solo un poco de sal al agua en donde hervimos los ingredientes”, afirma y agrega que “hay que trabajar para construir el paladar del niño. La pregunta básica que todo padre debe hacerse es si la alimentación de su hijo realmente le importa”.

Contra el marketing infantil
Este libro fue escrito para personas que tienen la opción de criar a sus hijos eligiendo lo que le dan de comer. Para todo el otro segmento de la población hay que impulsar leyes que prohíban la publicidad de preparados con alta fructuosa en niños menores de cinco años, que regulen los mensajes de las bebidas gaseosas que hablan del “placer de llevar el producto a tu mesa o a tu casa, y de las empresas que pretenden meterse en el cerebro del niño”. El estado tiene que resguardar a los vulnerables de los mensajes de marketing que no promocionan una vida saludable. Por accesibilidad, economía, información y/o cultura.

Narda afirma que “de ninguna manera en este mundo, un niño tiene que tomar gaseosa. Menor de dos, no tiene que probarla. Es misión de los padres, protegerlo de las gaseosas y de los lugares de comida rápida. Los establecimientos de comida rápida no deben pertenecer a su universo. No es necesario, siquiera decirles que es comida chatarra”.

Programar expectativas lógicas en cuanto a la alimentación del niño
Narda propone bajar las exigencias en cuanto a la mesa familiar. Se recomienda la comida todos juntos, pero si no es posible reunirse para la cena o el almuerzo, tal vez puedan encontrarse en el desayuno. Por otra parte, también resalta que para comer sano, no hace falta elaborar la comida a través de recetas complicadas. Lo importante es elegir bien los ingredientes, preparar la comida en casa y comer lo que la estación del año ofrece. Las estaciones aseguran la rotación. La naturaleza, además, te ofrece alimentos específicos como las naranjas en invierno cuando se necesita vitamina C.

“Hay una pretensión relacionada a comer bien, pero con el menor esfuerzo posible. Para llegar a eso, es necesario armar un circuito que demanda un poquito de dedicación todo el tiempo. Por ejemplo. Estás cocinando fideos, aprovechá y poné otra cacerola para preparar arroz. El arroz servirá para mañana en forma de croquetas, salteado o incluso para comerlo con un huevo arriba. Si estás en la cocina, lavá las verduras, rallá la zanahoria y guardalas en recipientes herméticos en la heladera. Mañana, ya tendrás la mitad del camino resuelto”.

La cocinera enfatiza en el significado de lo que llamamos comida y desafía a no abusar de las harinas, la papa, el tomate, la carne y el queso, ingredientes comunes en las cocinas argentinas. “Las familias comen un volumen exorbitante de estos productos. Lo que pasa es que mezclado no nos damos cuenta. En una semana podemos comer lasagna, fideos con salsa, tortilla, carne al horno…y todos los platos tienen lo mismo. No comemos legumbres y tenemos porotos de muy buena calidad”.

A mi hija le doy de comer opciones súper variadas en el desayuno para que no se acostumbre a una infusión y una harina. Por ejemplo, hay semanas que desayuna con yoghurt, otras con alguna preparacion salada que quedó de la noche anterior y por qué no, arroz con leche.

Máximas de Narda
* Los hijos comen lo que los padres comen.
* Para comer bien, hay que ocuparse. Si no querés ocuparte todos los días, aprovechá los que te metés en la cocina y prepará muchas cosas. Después freezá.
* No transo con las empresas de comida que estudian cómo meter su marca en el cerebro de un niño. “Con mi hija de seis años, no”.
* No a las comidas rápidas.
* De ninguna manera, un niño tiene que tomar una gaseosa.
* No tapar la angustia con golosinas. Es asociar algo que hace mal al consuelo o bienestar. Es incoherente.
* ¿Tu hijo quiere algo dulce? Dale batata, banana, remolacha. Buscá opciones a las clásicas golosinas que son calorías vacías.
* La comida debe ser variada para no condicionar a los niños a alimentarse con lo mismo toda su vida.
* Verduras: dárselas de probar. Es un gusto adquirido. No las van a elegir de una.
* Viandas: fundamental incorporar preparaciones que pueda cortar fácilmente o comer con la mano. Tomates cherrys, uvas, galletitas de arroz para el snack.
* Dale el caldo de un puchero a tu hijo. “Tiene todo lo que está bien en este mundo”.

Fuente: Materna.

 

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